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Jueves, 04 Marzo 10, 12:48 PM · Comentarios(0)

El rugido del Tigre se escuchó fuerte contra Lanús.
Jairo Castillo sigue marcando la historia del Tomba en Primera División. Es que los grandes no se conforman con una sola hazaña que queda circunscripta a un día determinado. Lo que ocurrió el domingo 28 de setiembre de 2008 fue majestuoso, en esa oportunidad le marcó tres veces a Boca en una goleada que quedará para siempre en el corazón de los simpatizantes. Pero volvemos a decir: los grandes no se conforman con una sola hazaña.
Una semana después ocurrió lo que nadie quiere recordar: por segunda vez el Tigre se rompía los ligamentos cruzados. Sin embargo a los grandes no se los vence fácilmente. Después de una larga recuperación parecía que volvería a jugar con la casaca de Godoy Cruz, aunque el regreso estipulado para las últimas fechas del Clausura 2009 nunca se concretó.
La primera etapa del Negro en el Expreso terminaba de una manera que nadie hubiera deseado. En medio de declaraciones cruzadas entre el jugador y Matías Roby, quien era médico del plantel, se desvinculaba de la institución mendocina. No obstante, los grandes siempre tienen sed de revancha.
Unos meses más tarde, un 21 de diciembre de 2009 se conocía la noticia de que Jairo llegaba nuevamente para reforzar al equipo. Así debutó por segunda vez contra Gimnasia y Esgrima de la Plata. En esa oportunidad no se encontraba en su mejor estado físico y fue objeto de algunas críticas por parte de ciertos plateistas que nada entienden de procesos.
Los grandes no hacen hazañas, ellos mismos son hazaña. Cuando nadie lo esperaba, Omar Asad decidió retrasarlo unos metros para que se desempeñe como una suerte de enlace. Y en esta oportunidad, demostró que no es solo un gran goleador sino también un jugador que sabe hacer una pausa, un jugador que de un segundo para otro explota su fortaleza física para dejar a dos rivales en el camino y dar el pase a quien va entrando libre al área.
Ser grande no significa esperar que los demás jueguen para uno mismo, sino todo lo contrario: ser solidario y entregarlo todo. Si el equipo no logra hacerse de la pelota, Castillo baja para tratar de recuperarla. Si algún compañero se proyectó al ataque y deja un hueco libre, busca la mejor manera para relevarlo.
El Tigre está más vivo que nunca. Gracias a sus garras, el Tomba se aferra a la punta del torneo. El Tigre está más fuerte que nunca. Con su potencia el Expreso arrolla a los adversarios de turno. El Tigre está más vigente que nunca y subida a él, la hinchada rebosa de alegría.
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Metió el primero y armó la jugada del segundo. Después nos dijo: "El 10 del equipo es Ramírez". Un crack.